domingo, 28 de marzo de 2010

EL PECADO, EL PERDÓN Y LAS PIEDRAS

Publicado originalmente en las cartas al director del Ultima Hora Menorca

Vergonzosamente, su Santidad Benedicto XVI ha pedido perdón (finalmente) por los miles de casos de pederastia que continuamente se han dado en miles de diócesis de todo el planeta católico. Vergonzosamente, ha tenido que salir a la luz pública un vídeo donde se veía a un cura teniendo sexo oral con un niño para que el máximo responsable de estos pedófilos pida disculpas a las víctimas, en vez de realizar el protocolo que han usado siempre: cambiar al presunto pederasta de diócesis, rezar para no volver a saber de sus aberrantes actividades, e ignorar la presunción de culpabilidad que la integridad de los niños merece.
Vergonzosamente, el único argumento de defensa que tuvo el Papa fue que "quien estuviera libre de pecado, tirara la primera piedra". Tal vez peco de soberbia al creerme con derecho a llevar la contraria al Sumo Pontífice, pero si un hombre, con pleno uso de facultades, toma la decisión de abusar sexualmente de un niño de 7 años, créame Su Eminencia, tendré la Justicia Divina de mi mano si decido tirarle una piedra a ese hombre, aún siendo yo mismo un pecador irremisible. Hay cosas que no merecen perdón. Bien es cierto que los votos de castidad, que el clero con tanto orgullo lleva, reprimen la sexualidad innata en el ser humano, e inevitablemente se van a producir este tipo de desviaciones. Tal vez un sacerdote pederasta no sea responsable de sus inclinaciones, pero sí debe serlo de sus acciones.
Vergonzosamente, el Papa pidió "perdón e indulgencia para el pecador" sin recordar que hace menos de 250 años la Iglesia Católica quemaba en la hoguera a cualquier acusado de brujería (háblenme a mí de garantías judiciales con esos cargos). Para entender la dimensión de este planteamiento, hay que imaginarse a uno mismo atado a un poste, ardiendo vivo, y que la persona que te pegó fuego por supuesta brujería más tarde te pida perdón por haber abusado sexualmente de tu hijo.
Es más, para demostrar el nivel de perdón que ha ejercido el Vaticano en la Historia, cito lo ocurrido en Béziers, Francia, en el siglo XIII, durante la cruzada albigense. Cuando los soldados del Papa encontraron a los supervivientes (mujeres, niños y ancianos) de la masacre que habían hecho, escondidos en la catedral de la ciudad, preguntaron al Prelado qué hacer para diferenciar entre creyentes y herejes. La respuesta fue: "Pasadlos a todos por el cuchillo, que Dios reconocerá a los suyos". Reto a cualquier interesado en defender la figura de la Iglesia Católica para que me muestre un hecho histórico tan ilustrativo de perdón. Cuando no lo consigan, les reto a meditar en las "piedras" que el Vaticano sí se ha creído con derecho a lanzar, en forma de Cruzadas o Inquisición.
A todo esto... ¿qué pensarían D. Federico Trillo, y tantos otros activistas católicos que abogan por la cadena perpetua, si el condenado fuera un sacerdote?

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