Publicado originalmente en el diario Menorca y el Ultima Hora el 1 de septiembre de 2011
Ante todo, decir que no tengo perro ni flauta (si acaso importa, tengo gato y armónica). Hace años que acudo a raves para disfrutar de ciertos estilos que vayan más allá de Paquito el Chocolatero. Existen ciertos prejuicios en torno a estos eventos, para lo cual escribo esta carta.
Al parecer, hay una tendencia en la naturaleza humana a rechazar tajantemente todo aquello que no entra en nuestros gustos. Si no nos gusta el fútbol, odiamos el fútbol. Si no nos gusta la ópera, odiamos la ópera. Es un hecho (y de hecho, me incluyo: odio a Paquito el Chocolatero). Para rectificar esta tendencia, basta practicar cierta cualidad (por desgracia, bastante en desuso hoy en día) llamada respeto. Hay muchos a los que esta palabra les suena a chino: para ellos va dirigida esta carta. El respeto es imprescindible para una convivencia que, queramos o no, estamos obligados a tener. El respeto (para unos y para otros) es necesario para que seamos mejores personas. Y todo el mundo, lo crean o no, merece un respeto. Respetar empieza por empatizar con la otra persona, ponernos bajo su piel e imaginar haber vivido bajo sus circunstancias: un padre severo, una madre prostituta, un hijo drogadicto. Las circunstancias nos definen, y sin empatía no hay respeto posible. Hay personas a las que les gusta tener perro, a otras les gusta tocar la flauta, y no por ello deben ser denigrados (bastante bajuno, la verdad).
A fin de cuentas, una rave no difiere tanto del "jaleo": música estridente y repetitiva, mucho consumo de drogas (para qué engañarnos: el alcohol y el tabaco no solo son adictivos, sino dañinos a más no poder) y sobre todo, gente con ganas de pasárselo bien. De poco sirve que las raves se celebren en sitios alejados para molestar lo menos posible, son igualmente perseguidas. La felicidad tendría que ser un derecho universal, y no se debe criminalizar la diversión por el simple hecho de no compartir ciertos gustos. Siendo sincero, me gustaría prohibir ciertas cosas, pero aprendí a respetarlas. Espero que ustedes hagan lo mismo.
Atentamente
PROYECTO MAYHEM
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